Bocanadas de vapor exhalan los pocos intrépidos que caminan en las ultimas horas de la noche. Casi son las siete y aun la oscuridad lo impregna todo.
Hay charcos congelados sobre la calle, algunos autos los quiebran al pasar despacio.Adentro las fantasmagóricas figuras de sus tripulantes parecen saludar con un suave cabeceo.
Miro hacia dentro y siento la sangre como lava recién expulsada, el odio me corroe desde muy profundo.
Sé que el dolor y la furia son vecinos asiduos y que se visitan mutuamente. Mi dolor no amaina y se mezcla de forma extraña con la furia.
-Es la gente toda así?- me pregunto en otro dialogo silencioso y no puedo contestarme. Me quedo sin respuestas rápidamente en los últimos días.
Sin darme cuenta me he detenido en una esquina y los semáforos solo parpadean en amarillo, quizás porque también duermen como todos.
He salido de mi casa pasadas las tres. Cuando los demás salen a la calle, yo me encierro.
Quizás sea una maldición.
La frialdad de los otros hace que mi alma se convierta en una pira candente de frustraciones y amarguras.
La soledad, a pesar de todo, se ha vuelto un bálsamo para mi tortura y en mi única compañía.
Amanece. Otro día que cruzaré dormido para escapar a la realidad gélida que me rodea.
Algún día llegará mi primavera y quizás un corto verano, tal vez no sea tarde entonces.
Hay momentos, encrucijadas, nudos gordianos, precipicios de la vida que nos predisponen a plasmar en palabras lo que el alma vive y sueña. Para eso este blog, para contar y atravesar los abismos que nos impone la breve existencia en la Tierra. Historias propias y de aquellos que deseen colaborar con este espacio...en el límite.
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martes, 5 de julio de 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Ausencias
Hay un tumulto allí afuera. Todos corren, todos hablan, todos se agitan al caminar. Mil caras, mil historias anónimas.Todos viven, a su forma pero viven.
En mi encierro los miro en silencio, mi mundo se ha detenido y sólo puedo observar.
He querido hacer un balance y no he podido.
Son tantas las pérdidas, las ausencias dolorosas, lo no vivido... he quebrado.
Lo poco que tengo es valioso, heredado, cargado en la sangre y en la mente: tesón, orgullo, valor, entereza, pasión, afecto desde el alma... Eso me han dejado y por eso aún estoy vivo, aunque solo y herido.
La vida sigue afuera...se aletarga adentro, las lágrimas depuran de a poco el cristal empañado y sucio de angustias.
Hay un río que se alimenta de soledad, de nombres que no se nombran, de lugares que nos invaden y paralizan, de ausencias que nos derrumban para siempre.
En mi encierro los miro en silencio, mi mundo se ha detenido y sólo puedo observar.
He querido hacer un balance y no he podido.
Son tantas las pérdidas, las ausencias dolorosas, lo no vivido... he quebrado.
Lo poco que tengo es valioso, heredado, cargado en la sangre y en la mente: tesón, orgullo, valor, entereza, pasión, afecto desde el alma... Eso me han dejado y por eso aún estoy vivo, aunque solo y herido.
La vida sigue afuera...se aletarga adentro, las lágrimas depuran de a poco el cristal empañado y sucio de angustias.
Hay un río que se alimenta de soledad, de nombres que no se nombran, de lugares que nos invaden y paralizan, de ausencias que nos derrumban para siempre.
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