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martes, 21 de junio de 2011

Corpus

Se tanteo los glúteos, otrora rebosantes, tirantes y rosados.Poco quedaba de aquello.
Ni que hablar de su cintura, imposible distinguirla, envuelta en pliegues de carne fofa y desteñida.
Su abdomen prominente no le permite agacharse y tocarse los pies.
En sus senos guarda la historia de amor, por sus hijos y por los que amó de otra forma.
Pezones firmes y grandes apuntando al piso, como dormidos u olvidados.
Su cuello se ha llenado de líneas y ríos azules de sangre, allí la piel se ha vuelto casi transparente.
Con sus manos grandes y huesudas se acaricia con suavidad las huellas del tiempo.
No siente nostalgia, mas bien resignación.
Se viste sin prisa, con alguna dificultad sale del baño y se mete en su cama.
Sabe que en poco tiempo dejara de caminar y hasta de bañarse sola, quizás, si tiene un poco más de suerte
dejará ese cuerpo dolorido y pesado que ya no le proporciona placer y volverá a verse como antes, feliz y completa.

viernes, 3 de junio de 2011

Pequeño regalo

Para algunos cumplir años es un acontecimiento único e irrepetible. Para mi ha sido siempre, desde la infancia, el día que alguien se esmera en pensar un presente con que halagarte. Algunos no lo piensan ni se acuerdan siquiera, esto a medida que transcurren los años se hace más evidente.
En este aniversario me encontré sentado en la galería sintiendo como corría el tiempo, como un arroyo casi seco que busca donde estancarse y reposar de una vez.
Empecé a enumerar mis dolores, desde la nuca hasta los talones contabilice unos veinte y pico.Nada grave según mi propio diagnostico. Si tuviera que comenzar a deambular por los médicos creo que no me alcanzarian los pocos años que me quedan en el haber.
Por la vereda iba y venían vecinos y extraños. Alguno que otro se detenían y levantaba la mano y me saludaba.Algunos conocidos no identificados por mi visión borrosa gritan cosas sobre el tiempo y algo así como que iba a descomponer.
Un niño pequeño que caminaba muy despacio y aparentemente aburrido, se encarama en la puertita de la desvencijada verja de madera.
-¿Qué hacés Manolo? -me grita con su voz chillona.
-Acá estoy...cumpliendo años.
-¿Y la fiesta? ¿Tenés torta? ¿Y los globos?- recrimina muy animado.
-Ya pasó la fiesta y no me quedó nada...-le contesto con picardía.
Sin decir palabra se baja y se va corriendo.
La tarde se esfuma rápidamente y el fresco se cuela por todos lados.
Cuando me preparo a levantarme, aguantar los dolores y buscar el sillón de la noche, lo veo aparecer dando saltitos.
-Vení Manolo! -me grita
Su manito pequeña y redondita aferra con fuerza una hoja de cuaderno.
Llego como puedo hasta él y cuando me acerco me grita con una explosión de alegría en su rostro:
-Feliz cumple Manolo!!!
Desde ese día, en mi mesa de luz, más cerca que las fotos de los que se fueron y que todavía me acompañan, está mi retrato favorito hecho con lápices de colores: un Manolo alegre, sin dolores y bajo un sol brillante que también sonríe.