Cruzó los brazos y caminó tantas veces como pudo por la habitación vacía.
Los días pasaban lentamente y sus ideas volaban, en temperatura y velocidad.
El cielo estaba gris como de costumbre, aunque el sol calentara las tejas de la casa, adentro el frío era muy intenso.
Una mezcla de miedo, hambre y desaliento eran el menú diario al que se enfrentaba.
Todo había cambiado a su alrededor menos él. Eso era lo que más lo molestaba.
Mañana, esa era la gran duda que le carcomía el alma de a poco.
En el atardecer de su vida se vio solo, sin su familia y en una casa en penumbras.
Los errores se pagan caro-pensó.
La vida se toma a tajos para hacer recapacitar a los necios.
Muchas, demasiadas veces, se equivocó y volvió a hacerlo, sabiendo que las consecuencias podrían ser demasiado peligrosas.
El hombre inseguro es el que se equivoca más que los otros a causa de sus reacciones tardías.
Esa noche apagó la luz de su pieza y sólo pensó que en pocas horas ya no tendría un lugar donde vivir.
Como en un juego, había apostado mal demasiadas veces y ahora debía pagar...
Hay momentos, encrucijadas, nudos gordianos, precipicios de la vida que nos predisponen a plasmar en palabras lo que el alma vive y sueña. Para eso este blog, para contar y atravesar los abismos que nos impone la breve existencia en la Tierra. Historias propias y de aquellos que deseen colaborar con este espacio...en el límite.
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domingo, 26 de junio de 2011
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